El hinduismo y su filosofía de la reencarnación

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El hinduismo es una tradición religiosa preveniente de la India y en sánscrito, su lengua natal, significa “religión eterna”. La eternidad es representada por un ciclo de rencarnaciones de vidas materiales. Éstas esconden detrás un universo espiritual que contiene la explicación del equilibrio del mundo.

A diferencia de muchas religiones, el hinduismo no posee fundador pues se advierte como una suma de culturas, una suma de creencias metafísicas, costumbres y rituales. Se dice que es la religión más antigua del mundo.

Pero a pesar de todas las doctrinas dentro del hinduismo -teísmo, el deísmo, el politeísmo, el panteísmo, el agnosticismo y el ateísmo- hay una creencia que las une a todas: Los hinduistas creen que hay una existencia por detrás del mundo de lo visible, que es la vida eterna, el universo de lo espiritual.

Ellos consideran la vida aquí y ahora, la vida de lo tangible, lo material, donde ocurre la creación y destrucción, como el mundo de lo visible. Pero además de este mundo se halla la vida eterna, es decir, el mundo de lo espiritual.

Lo que une ambos mundos es el ciclo de las reencarnaciones. La reencarnación es la creencia que consiste en que la esencia individual no muere cuando muere el cuerpo del sujeto sino que continúa extendiéndose en otros cuerpos. Esa esencia –llámese alma, energía o conciencia- no desaparece nunca porque no se limita al carácter mortal del sujeto que la contiene sino que continúa por siempre adoptando otros cuerpos y sujetos.

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Es aquí donde se agiganta la gran dimensión espiritual que evoca el hinduismo. El hinduista aspira a abandonar el ciclo de las reencarnaciones y retornar al universo espiritual. Lejos de la concepción occidental consumista de “disfrutar la vida hoy”, “disfrutar la vida que es una sola”, el hinduismo busca un grado de meditación y conexión espiritual con el universo donde el acento reflexivo se coloca en la vida espiritual más que en la vida material.

Del otro lado del globo –o mejor dicho, en el resto del globo- el modelo de producción está más arraigado a la cultura de masas y al avance tecnológico; la introspección es una búsqueda que sólo muy pocos realizan; y el trabajo, el medio de subsistencia de cada hombre, es la preocupación central.

El filósofo alemán Herbert Marcuse, en su libro El hombre unidimensional, acierta: “Los esclavos de la sociedad industrial desarrollada son esclavos sublimados, pero son esclavos, porque la esclavitud está determinada no por la obediencia ni por la rudeza del trabajo, sino por el status de instrumento y la reducción del hombre al estado de cosa”.

La cosificación es una de las características centrales del capitalismo porque inconscientemente lleva a cada sujeto a observarse a sí mismo como una cosa material que produce un bien o un servicio. Cuando en realidad el hombre no es sólo fuerza de trabajo sino también un ente que piensa, siente y tiene preocupaciones existenciales. Pero siempre son reprimidas. El catolicismo, religión occidental por excelencia, cierra todos los caminos a la duda cuando impone un cielo redentor como final de la vida. Y los actos malos y perversos que realiza un individuo se penan con el sufrimiento eterno del infierno.

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En el hinduismo hay un concepto llamado karma que vendría a ser una ley que indica que todo lo que uno hace en esta vida le repercute en las próximas. Esto es clave para entender las conductas morales y éticas ya que al realizar actos que perjudiquen a los demás el individuo reencarnaría en un animal más indefenso o en una situación menos propensa. Analizando esto, comprendemos que el hinduismo apunta a una conexión profunda con la naturaleza. Busca comprender el resto de las especies, explorar el espíritu, el mundo interior de cada uno, y el universo que se encuentra detrás del mundo visible.

En cambio, el catolicismo impone un cielo que lo único que hace es alejar a los hombres de la preocupación reflexiva. Es una religión que no conlleva meditación, no conlleva una búsqueda introspectiva, un conocimiento interior de uno mismo. Y es así como, evidentemente, facilitó la implementación del capitalismo como sistema productivo y de dominación.

Porque aquí el hombre carga con una responsabilidad de felicidad, una exigencia de ser feliz. Al depositar toda su preocupación en las condiciones materiales de existencia, la sociedad busca el bienestar mediante el ingreso, la forma de obtenerlo y las adquisiciones. Y es una felicidad o un bienestar que está sometido a las reglas del sistema productivo. El tiempo de descanso está regido por las mismas reglas que el tiempo de trabajo.

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Pensar en esta vida como la única posible implica un egoísmo que propone el goce individual por encima de la sociedad, de la especie. Y de esta forma el hombre carga con una responsabilidad muy grande: disfrutar esta vida porque es la única. Luego vendrá el cielo o el infierno, pero la vida es aquí y ahora.

El hinduismo propone una salida a la angustia existencial que azota al occidente. Es complejo pensarlo ya que las tradiciones son diferentes y ambas están muy arraigadas, pero comprender que el hombre es parte de la especie humana, y dentro de ella del universo, puede abrir la percepción de lo real y correr el eje de la cosificación. Para ilustrarlo y cerrar la idea, un proverbio hindú: “Aquel que reconoce la verdad del cuerpo puede entonces conocer la verdad del universo”.

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Por Luciano Sáliche

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8 Comentarios

  1. Escéptico es el que investiga, duda de cualquier afirmación, y corrige errores. Siempre que enseñes, enseña a dudar de lo que enseñas. Para enseñar a los demás, primero tenemos que enderezarnos a nosotros mismos. Lo importante es saber las causas de los problemas indagando, y haciendo esfuerzos por conseguir metas que llevan al bienestar y la seguridad. Debemos prestarnos auxilio mutuo. Hay que emplear las maquinas de manera inteligente. Eso lleva al bienestar y la seguridad, para producir e intercambiar bienes, y servicios. Arreola.

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