Psicología

Trabajar no debe implicar estresarse

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Hay personas que pasan mucho más tiempo inmersos en su trabajo que en su casa. En este sentido, es obvio suponer que trabajar puede con facilidad ser la principal fuente de situaciones estresantes que enfrenta todo trabajador, no importa el nivel al que pertenezca.

El tener que tomar decisiones importantes, cumplir con las exigencias de horario, la necesidad de lidiar con personas diferentes , supervisados o superiores, los miedos conscientes o inconscientes a quedar sin trabajo ante nuevas tecnologías o cambios en el rumbo de los negocios que inducen a reducciones de personal, son situaciones muy propias del entorno laboral de hoy en día.

Ante esta situación, la persona comienza a mostrar alteraciones de orden físico y psicológico, destacándose la irritabilidad, ansiedad, pérdida de energía, desgano, fastidio, relaciones insatisfactorias tanto en el trabajo como en la casa, insomnio, confusión mental, agotamiento, inapetencia, temores muy diversos, grados de impotencia y sentimiento de invalidez psíquica.

El estrés causado por el trabajo representa una amenaza para la salud de los trabajadores y, como consecuencia, para la salud de las organizaciones, que redunda en un alto costo y una baja de la productividad organizacional.

Es importante no confundir el estrés de trabajo con el reto o desafío, esto es algo distinto, una situación de reto puede ser un interesante estímulo psicológico que tiende a motivar al trabajador en su aprendizaje y desarrollo de nuevas habilidades. De pronto la persona se puede sentir cansada, un poco nerviosa, pero un reto significativo suele convertirse en un ingrediente importante para un trabajo sano y productivo.

En el trabajo podemos encontrar como estresantes más comunes:

El diseño del trabajo: descansos infrecuentes, actividad muy rutinaria o con poco significado, subutilización de las habilidades de los trabajadores, responsabilidades que dan poco sentido de control.

El estilo de dirección: falta de participación por trabajadores en la toma de decisiones, falta de comunicación en la organización, excesivo control sin delegación de responsabilidades.
Las relaciones interpersonales: Chisme y falta de apoyo o ayuda de compañeros y supervisores.

Exigencias y expectativas: Expectativas mal definidas o imposibles de lograr, demasiada responsabilidad, demasiadas funciones, inseguridad y falta de oportunidad para el crecimiento personal, cambios intempestivos para los cuales los trabajadores no están preparados.

Las condiciones ambientales: Condiciones desagradables y peligrosas como las áreas de trabajo atiborradas, el ruido, la contaminación del aire, o los problemas ergonómicos.

Tanto el trabajador como la organización donde presta sus servicios deben asumir su cuota de responsabilidad para aliviar el estrés y aprender a vivir en forma más saludable. Obviamente la persona, responsablemente, debe entender que una situación permanentemente estresante puede llegar a consecuencias muy graves en su salud, tanto física como emocional y mental.

De manera que la salida no es negar o ignorar su problema o tratar de ocultar los síntomas del estrés ingiriendo fármacos, ya que la ausencia de síntomas no quiere decir que se ha eliminado el estrés. De hecho, el estrés continúa haciendo su labor destructiva dentro del organismo y en lugar de aliviar el estrés, lo que hacemos es eliminar las señales de alerta que el cuerpo nos provee y que nos indican que debemos reducir la carga que estamos imponiendo a nuestro organismo.

Por otro lado, la experiencia demuestra que las condiciones estresantes de trabajo están asociadas con el ausentismo laboral, la tardanza, y un aumento en la rotación de personal, lo cual afecta considerablemente la “salud” de la organización. Una organización sana se caracteriza tanto por tener bajas tasas de enfermedad, accidentes, lesiones e invalidez en su personal, como por su productividad y competitividad en el mercado.

No existe una fórmula sencilla e infalible que pueda “curar” el estrés. Para el trabajador seguramente le resultará muy difícil cambiar el ambiente desestabilizador por uno más equilibrante en el trabajo, pero si puede “reaprender” la forma como maneja su día a día laboral, y por lo menos, disponer de un ambiente más armónico con los familiares, amigos y relaciones habituales. Entre otras cosas puede:

– Dedicar tiempo al ejercicio físico, una excelente forma para canalizar la agresividad y la tensión.
– Aprender y practicar técnicas de relajación
– Programar las actividades para que no se acumulen ni se conviertan en “incendios”.
– Establecer prioridades claras.
– Delegar responsabilidades.
– Aprender a decir NO a los compromisos que no se pueden cumplir.
– Hacer bien y pronto lo que se puede hacer y olvidarse por completo de lo que no se puede.
– Asumir los grandes retos como secuencias de pequeños pasos.
– Practicar terapias antiestrés y sobre todo estar alerta de sus pensamientos y el manejo de sus emociones ante las situaciones que suelen resultarles estresantes en su actividad laboral.

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