Conciencia Emocional

¿QUÉ HARÍAS SI NO TUVIERAS MIEDO?

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¿Qué harías si no tuvieras miedo? El miedo es un mecanismo de defensa instalado en nuestro cerebro: actúa como una alarma. Cuando percibimos algún estimulo de los que tenemos catalogados como peligrosos, la señal se activa y el miedo nos inunda.

Sobrevivir es lo más importante aunque a veces pensemos que lo son otras cosas, pero el resto de las prioridades dejan de tener sentido si no logramos seguir vivos. Por este motivo tenemos instalado un centro de control en el cerebro- la amígdala- dónde, entre otras cosas, está ubicada la respuesta a estímulos peligrosos.

Tenemos que distinguir dos formas básicas de miedo:

Miedo Racional: es innato y se desarrolla en edades tempranas; evita que realicemos actos que atentan, claramente, contra la vida.

Miedo Irracional: responde a una amenaza imaginaria; dependiendo de su intensidad, puede degenerar en tensión, temor, ansiedad, fobias…

El miedo desencadena una serie de reacciones: aumenta la cantidad de adrenalina y de glucosa, la presión arterial sube, se acelera la respuesta cardiaca y se produce una trasmisión sanguínea extra hacia los músculos, preparándonos para la huida o la defensa, entre otras consecuencias. Esto hace que palidezcamos por la disminución de sangre en el rostro.

La actividad cerebral aumenta, los sentidos se agudizan, preparándonos para una reacción eficaz y rápida.

Las dificultades surgen cuando el miedo bloquea la razón, cosa que sucede con más frecuencia de la deseada.

Uno de los problemas reside en que tenemos catalogados algunos estímulos como peligrosos, cuando ya no lo son, y generamos una intensidad excesiva de respuesta ante ellos. Cuando vivíamos en las cavernas, las culebras, las arañas… eran peligros importantes y necesitaban de una actuación rápida e intensa. Las condiciones han cambiado y los hechos nos demuestran que no hemos cambiado las órdenes mentales ante estos estímulos, que ya no tienen el mismo grado de peligrosidad.

Si a esto añadimos que, el miedo, se nutre no sólo de los que vemos, sino de lo que imaginamos, tenemos el caldo de cultivo óptimo para hacer crecer el temor más allá de lo necesario, causándonos problemas físicos, sociales y psicológicos, pudiendo dar pie a la aparición de fobias.

Casi todos estamos expuestos alguna vez en la vida a sentir estos miedos irracionales, por lo que paso a daros algunas recomendaciones para afrontar estas situaciones, si llegan:

Analiza lo que sucede; fuerza el uso de la razón, que es la única que puede controlar a la amígdala. Trata el asunto como si le pasara a otro, míralo desde fuera y date un consejo como si no fueras tú el que padece ese temor.

Recuerda que tener miedo es natural, acepta tú miedo y no dudes de que encontrarás la forma de solucionar esta situación. Pide ayuda, si la necesitas, si tú sólo no puedes, porque hay formas de solucionar tu problema.

Como es más terrible pensar en lo que nos pasará que pasar por la experiencia, como lo peor es el miedo de anticipación, no lo dudes y enfréntate a tus miedos. La mejor forma de hacer desaparecer un miedo es afrontarlo; así haremos que disminuya su intensidad, que carezca de sentido.

Busca una forma de ridiculizar lo que te aterra. Por ejemplo, si te dan miedo las arañas, imagínalas vestidas con puntillas y lazos…

Para finalizar, te propongo que contestes a esta pregunta:

¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Con la respuesta tendrás lo que tú quieres hacer y, lo mejor, sería que lo hicieras.

1 Comment

  1. Luisa Romero

    Luisa Romero

    01/08/2016 at 20:59

    Vivr

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