Salud Natural

¿LA MEDICINA MODERNA SE ENSAÑA CON LA MUJER?

By  | 

Os ofrecemos hoy una interesante entrevista a los doctores Juan Gervás y Mercedes Pérez-Fernández que denuncian la tiranía de la medicina patriarcal en contra de la mujer. Cada cual que extraiga sus propias conclusiones, la pregunta está en el aire ¿ la medicina moderna se ensaña con la mujer ?

En su libro El encarnizamiento médico con las mujeres. 50 intervenciones sanitarias excesivas y cómo evitarlas, nos hablan del ensañamiento que tiene como objetivo a las ancianas, discapacitadas, lesbianas, adolescentes, embarazadas, menopáusicas, obesas, lactantes. A todas, sin falta, simplemente por el hecho de ser lo que somos: mujeres.

Según los autores, durante años hemos sido víctimas no solo de la mala praxis médica sino de algo más global: un sistema sanitario que no está construido para nosotras. Hemos sentido en nuestra piel el maltrato médico cada vez que acudíamos a consulta, desde que nos recetan parches hormonales para controlar los altibajos emocionales propios de la menopausia y el climaterio, hasta que nos operan de apendicitis cuando lo que nos duelen son lo ovarios.

Gervás y Pérez-Fernández, que decidieron escribir el libro después de contemplar durante años el daño que a menudo ocasionaba la atención médica en las mujeres, revelan durante nuestra conversación por qué la medicina ha encontrado en nosotras el objetivo a ser martirizadas.

Sus respuestas son en muchos casos polémicas, alejadas de lo establecido en las esferas médicas, pero dan un nuevo enfoque a lo que asumimos como verdad absoluta y no es más que una mezcla extraña entre ciencia y tradición.

¿Por qué trata la medicina peor a la mujer que al hombre?

Mercedes Pérez-Fernández: La medicina se encarniza especialmente con la mujer a la que considera una especie de “varón enfermo”. El problema de fondo es que la medicina se construye sobre la imagen de un varón joven, heterosexual y de clase media de forma que todo lo demás es una “desviación del diseño”, sea niño, anciano o mujer.

No hay mejor ejemplo que la salud mental, pues la medicina siempre ha considerado a la mujer como débil y alterada, una “histérica” o “lunática” sin más, en lugar de admitir sus peculiaridades y singularidades.

En cierta forma, el objetivo de la medicina llega a ser el de curar a la mujer de ser mujer, el lograr acercarla a esa imagen de varón joven, heterosexual y de clase media.

¿Recordáis algún caso de encarnizamiento que os haya marcado?

Juan Gervás: En mi práctica clínica nada como la solicitud de aborto voluntario de una mujer, que había conseguido un embarazo muy deseado, asustada por la pandemia de la gripe A en 2009. Se extendió una alarma injustificada, en contra de las mujeres embarazadas.

Destacáis en el libro que los procesos más medicados son los tratamientos hormonales durante la menstruación y la menopausia y el constante hostigamiento durante el embarazo, ¿a qué se debe?

JG: La condición femenina es incómoda. En el embarazo, el hostigamiento es brutal, pues convierte el hecho en una enfermedad al provocar en la embarazada la conducta de enferma con esas pruebas constantes, las citas y re-citas con profesionales sanitarios y la toma de medicamentos y complementos innecesarios que provocan más daños que beneficios.

MPF: El aspecto del negocio es clave. Hay una industria alrededor de la mujer y su fisiología que va mucho más allá de la medicina. La mujer es carne de cañón y víctima del sistema sanitario.

Los autores han expresado varias veces que ese hostigamiento contra la mujer comienza desde la primera vez que pisamos la consulta del ginecólogo. La creencia popular de la necesidad de ir al ginecólogo en cuanto tenemos nuestras primeras relaciones sexuales o nos baja la regla convierte nuestra vida en una constante espiral de pruebas, análisis, mediciones y recomendaciones de una persona ajena a nuestra vida a la que acabamos llamando “mi ginecólogo”.

En el libro explicáis que las visitas frecuentes al ginecólogo y las continuas citologías a las que nos sometemos no tienen ninguna eficacia, entonces ¿por qué se hacen tantas?

JG: En España no ha habido nunca ninguna duda acerca de la falta de utilidad de las citologías. Los estudios clásicos que lo demostraban, de Andreu Segura, se publicaron en 1984, y en ello coincidieron después los datos de Gonzalo López Abente. De hecho, las citologías en España no se justifican dada la baja frecuencia del cáncer de cuello de útero. Este es un caso clásico en que la actividad es un puro negocio.

A pesar de que los estudios demuestran que las citologías no tienen ningún sentido, los autores advierten de que un exceso de citologías puede ser incluso perjudicial. Después de tres citologías normales seguidas, lo que se producen son casi en exclusiva falsos positivos.

Sin embargo, ahí queda la sensación de seguridad que nos da visitar una vez cada dos años al ginecólogo. El hecho de que alguien experto en el tema te analice y te haga las pruebas protocolarias hace que sientas que está todo bajo control, que es imposible que te pase nada.

Estáis a favor del parto en casa. Con los avances que tenemos, ¿no es mejor acudir a un hospital?

MPF: El hospital es un concentrado de tecnología y si se usa apropiadamente es un recurso imprescindible. Pero tal concentrado tecnológico es peligroso si se utiliza innecesariamente. Es como utilizar cañones para matar moscas. Los estudios demuestran reiteradamente que el parto en casa es más seguro que en el hospital, pues en el hospital el exceso de intervenciones conlleva daños sin beneficios, lo que llamamos violencia obstétrica.

¿En casa y con doulas? ¿Consideráis oportuno dejar el parto en manos de personal no especializado?

JG: En el parto normal de un embarazo sano la verdad es que sobramos todos los profesionales y basta con la ayuda de alguien que tenga práctica y serenidad. El papel de la doula es importante en una sociedad cada vez menos “familiar” y colectiva, en que la mujer vive su embarazo en una soledad terrible, sin casi posibilidades de comentar cosas tan triviales como el mantenimiento de la actividad sexual, por ejemplo.

 

En el libro también tocáis el tema de la congelación de óvulos. Sobre todo en los casos financiados por empresas, ¿no es una evidencia más de la esclavitud empresarial capitalista?

MPF: Es una cuestión que consideramos relevante pues es un avance científico que ayuda en casos específicos como en la mujer a la que hay que extirpar los ovarios por cáncer. El problema es cuando se vende, en el sentido literal de negocio, como una solución fácil al problema de la maternidad “castigada”, o imposible a determinadas edades por su repercusión en la vida de estudiante, laboral, científica, personal o profesional.

En el libro decís que es una forma de “comprar tiempo”…

MPF: Detiene el reloj de la regresión ya que los óvulos congelados permanecen tal cual fueron extraídos por muchos años. Lamentablemente, solo permanecen igual los óvulos pues el tiempo pasa para la propia mujer, de forma que si se embaraza son esperables más complicaciones.

¿No es el “reloj biológico” una idea en sí misma machista?

JG: El “reloj biológico” afecta a mujeres y a varones. En el hombre los espermatozoides se producen de continuo en los testículos, eso sí, disminuye su vitalidad y potencia y también aumentan los defectos genéticos.

Entonces, ¿por qué nuestras diferencias biológicas con el hombre hacen que seamos discriminadas en vez de recibir un trato especial y personalizado?

MPF: Las mujeres aprendemos a ser mujeres dentro de estructuras sociales dirigidas hacia el control y sometimiento de nuestros cuerpos, lo que se llama biopolítica, y el sistema sanitario es parte de esa “policía social” que ejerce el poder sobre nosotras.

En una sociedad patriarcal la estructura social ejerce dicho poder de manera directa y brutal (la violencia obstétrica, por ejemplo) pero también de forma sutil, con miradas reprobatorias, censura de temas y cuestiones, maneras aceptables de comportamiento, etc.

Además, se suma la ignorancia científica sobre las peculiaridades biológicas femeninas, que se refieren a sus órganos y hormonas sexuales pero también a, por ejemplo, el procesamiento bioquímico de medicamentos y drogas

El colmo es el caso de la flibanserina, la erróneamente llamada “viagra femenina”, cuya interacción con el alcohol se estudió antes de la comercialización sólo en 23 varones y 2 mujeres, a pesar de esperar su uso por millones de mujeres.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *